Welcome Freshmen

Peter, un adolescente de 14 años estaba esperando el primer día de clases con temor y temblor. Su familia se mudó recientemente de un pequeña cuidad a una más grande. Su nueva escuela era aproximadamente tres veces más grande que la anterior y no conocía a nadie. Buscando la tranquilidad, Peter se hizo muchas preguntas repetidas “¿Qué pasa si mis amigos no están en mi clase? ¿Cuándo los veré? ¿Qué pasa si no tengo a nadie con quien sentarme en el almuerzo porque no tengo amigos? ¿Estaré bien?

Con la llegada del nuevo año escolar, llega la realidad de ser el nuevo de la clase. Entonces el niño experimenta las quejas físicas tales como dolores de cabeza, dolores de estómago y fatiga en ausencia de una enfermedad real, son parte de los síntomas de los “Freshmen” en el comienzo de clases. Peter estaba sintiendo algo que muchos adolescentes y niños experimentan, ansiedad de regreso a la escuela. El año escolar puede ser particularmente difícil para los estudiantes que acaban de mudarse, que son principiantes en la escuela intermedia o secundaria o que no tienen muchos amigos. Para estos estudiantes, el miedo comienza a consumir sus pensamientos. Un artículo de Harvard Health Publishing, (2018) dice que regresar a la escuela provoca un aumento de la ansiedad en los nuevos estudiantes. El día escolar promedio de un estudiante nuevo está lleno de posibles factores estresantes tales como: separarse de los padres, cumplir con las expectativas académicas, crear grupos de amigos, transitar por los pasillos, donde me siento en la cafetería y áreas llenas de estudiantes, incluso el uso del transporte escolar por nombrar solo algunos de los muchos desafíos.

¿Qué se puede hacer ante la llegada de la hora cero?

 El niño debe enfrentar a la ansiedad en lugar de evitarla. Es natural querer permitirle a su hijo evitar situaciones de alto estrés o evitar situaciones relacionadas con el comienzo de clases, pero esto no funcionará. Evitar las preocupaciones puede contribuir a un círculo vicioso que refuerza la ansiedad a largo plazo. En cambio, reconozca la emoción de su hijo y luego ayúdelo a pensar en los pequeños pasos que podría tomar para abordar. Por ejemplo: Visite la escuela antes de que comience el año escolar para que el niño se familiarice con el campus. Preste mucha atención y elogie cualquier comportamiento valiente de su hijo en lugar de promover la ansiedad y anime a su hijo a hablar sobre sus miedos. Es importante saber que los temores y la ansiedad no desaparecen si los callamos o evitamos. Si las preocupaciones de un niño sobre el regreso a la escuela comienzan a interferir con su capacidad y disposición para asistir a la escuela o participar en otras actividades, considere consultar con un profesional de salud mental.